viernes, 21 de junio de 2013

Estamos Perdiendo el Tiempo

En el programa El Informante de TVN, Juan Manuel Astorga le preguntó a Sebastián Edwards sobre cómo se mejora la calidad de la educación. Frente a esto, el economista responde que es necesario mejorar la gestión de los colegios y el uso de herramientas TIC. No sé si me causo rabia o pena, pero es un hecho que al momento de hablar de la calidad de educación la primera respuesta debería ser: Para mejorar la calidad de la educación es necesario mejorar la calidad de los docentes y su valoración social.

No existe herramienta intra-escuela más poderosa y efectiva que el hecho de tener un buen profesor. Tanto es así que el estudio realizado por Sander y Riers (1996) muestra que un buen profesor puede marcar la diferencia en hasta 53 puntos porcentuales en cuanto al rendimiento escolar de sus alumnos.

Admito que los debates de lucro y gratuidad enriquecen la política y la sociedad, permitiendo ver las diferentes concepciones de sociedad, pero no me cabe duda que si se trata de calidad en la educación estamos perdiendo el tiempo.

Nuestro debate debería centrarse en si estamos dispuestos, al igual que Finlandia -país con un sistema educativo de gran calidad-, a limitar la entrada de estudiantes a las carreras de educación, tanto desde la oferta como desde la demanda. Deberíamos debatir qué tan dispuestos estamos a mejorar radicalmente la calidad de los programas de pedagogías. Deberíamos estar discutiendo cómo mejoramos las condiciones laborales de los profesores, para poder hacer atractivas estas carreras a los estudiantes más destacados de cada generación, promoviendo, además, un ambiente que fomente la excelencia, el constante perfeccionamiento y un digno desarrollo profesional.

La equidad en la igualdad de oportunidades conlleva mejora de la calidad de la educación. Sólo de esta manera la carga de los padres no se transformará en la carga de los hijos. Esto implica que, entre las múltiples medidas que se podrían aplicarse (como la eliminación del copago y de la selección), se dé prioridad al mejorar las condiciones y la calidad de los docentes.

Si no avanzamos en esto, estamos perdiendo el tiempo.

Para que el Kínder no sea sorpresa

La obligatoriedad del kínder es un avance en la idea de una educación que promueva la igualdad de oportunidades y la autonomía individual. Ya resulta aburrido, pero nunca inútil, mencionar que es en la edad pre-escolar es donde se marcan las grandes diferencias en el desarrollo individual y colectivo de nuestra sociedad.

Así como en la etapa de 3 a 5 años se marcan las grandes diferencias, es claro que la calidad de los docentes que acompañan el proceso educativo también es una variable que puede marcar la diferencia en el crecimiento de los niños. Estudios como los de Sanders & Rivers demuestran que dos niños de igual rendimiento, en un periodo de 3 años, pueden quedar en el 10% superior de su curso si es que le toca un buen profesor o quedar bajo la media del curso (en el percentil 37 exactamente) si el docente que acompaña su proceso educativo tiene una evaluación docente que evidencia falencias.

Esto nos hace pensar el rol fundamental que tienen las educadoras de párvulos en la educación de nuestros hijos. ¿Cómo podemos abandonar a su suerte a una profesión tan importante para la autonomía de los individuos y para el desarrollo de una sociedad con equidad en la igualdad de oportunidades?

Entre 2009 y 2011 el gobierno aumentó la cobertura de 74% a 83% para pre-kínder y kínder, y de 19% a 26% en los niveles inferiores sin embargo la ausencia de un proceso de mejoramiento de la calidad a los docentes de salas cunas hace repetir la trampa de aumento de cobertura y mantención de una calidad tan variada debido a la oferta, y con vacíos que generan menor calidad.

El hacer que el kínder se vuelva obligatorio, hace más evidente que se debe incluir a las educadoras de párvulo en el proceso de una carrera docente, donde tengamos herramientas para mejorar las condiciones laborales para hacer de esta profesión una carrera atractiva para los mejores postulantes del país.

Tal como menciono nuestra poetisa Gabriela Mistral, el futuro de los niños es hoy, porque mañana va a ser demasiado tarde.

De profesores y políticos

Puede que estos personajes sean los más estereotipados por la sociedad. Puede que sean las figuras que hoy más desconfianza generan, pero igual los defiendo. No es posible entender la vida en ciudadanía sin estos actores.
Quizás la gran diferencia entre ambos sea la suma de dinero que reciben a fin de meslo que hace más respetable todavía el hecho de elegir ser profesor.  A los profesores y a los políticos se les acusa de ser flojos, y de actuar a través de su gremio velando sólo por su interés colectivo.
Puede que para muchos esta columna sea una estupidez, pero quiero comentar que en cada una de sus comunidades la importancia de estas profesiones es fundamental para un buen funcionamiento.
Los políticos y los partidos políticos son actores necesarios en una democracia representativa, porque son los verdaderos antídotos contra el populismo, la dictadura de la mayoría y la tiranía de la aristocracia. Las repúblicas democráticas se fundan en la representación y en espacios de confrontación de ideas articuladas por intereses comunes entre personas, los que van más allá de su gremio o grupo. Los políticos son aquellos que permiten que las diferentes concepciones de sociedad se enfrenten de manera ordenada y pacífica.
El techo de la calidad de la educación es la calidad de los profesores. Esta frase, que encontramos en el informe Mackenzie, muestra la importancia que tienen los profesores, y cómo toda la sociedad debiese aportar en el proceso de mejorar la calidad de estos.  No existe quizás mejor herramienta para mejorar la educación que avanzar en una nueva carrera docente.
La más efectiva manera de mejorar la profesión docente es atrayendo a los más talentosos de Chile, de la misma manera en que mejorar la política implica que los mejores -y no los que quedan- se dediquen a ella.
La defensa de estas profesiones debiese ir más allá de nuestras acciones individuales. No por culpa de Escalona, Novoa o Gajardo, vamos a condenar  y dejar de entender como sociedad la importancia de la política y la educación.
Para poder cambiar la política y la educación el primer y más importante llamado es hacerse responsable. Mejorar la política implica entender que sin personas dispuestas a sacrificarse por los demás sólo llegarán a la esfera pública los que están dispuesto a sacrificar a los demás. Y si no entendemos que los profesores no son el problema sino la solución, por más gratuidad o fin de lucro que consigamos, nuestros hijos e hijas seguirán dependiendo de los contactos de los padres.
Porque la calidad depende de las personas que realizan los cambios y como parafraseando a Burke, lo único necesario para que la educación y la política sea coaptada por tramposos , es que las personas integrales no hagan nada.

El “efecto Gorosito”: cuando los partidos políticos se achancharon


Que los partidos políticos chilenos están viviendo una crisis y no sólo en cuanto a sus estructuras internas, sino también a su capacidad de relacionarse con las personas, es a esta altura un dato de la causa. Hoy por hoy, los niveles de identificación con la partidaria e ideológica son paupérrimos, tanto en comparación a países latinoamericanos como a países OCDE. Ejemplo de esto se ve en que nuestros niveles de identificación están a la par con los de la Grecia azotada por la crisis económica y, comparados con los del continente americano, Chile sólo supera a Guatemala en cuanto a sentir simpatía por algún partido político, según datos de LAPOP 2012.

La pregunta que me nace al ver éste y una serie de otros datos es: ¿cómo los partidos políticos que movieron masas durante los ‘90 han perdido la capacidad de movilizar a la ciudadanía hoy? ¿Por qué estamos pasando hacia una política de individuos, en la que es a través de cada candidato o líder que las personas establecen lealtades ideológicas o clientelares?

Hay que ser claro que, como en toda ciencia social, las respuestas a las preguntas planteadas son múltiples y no existe una sola explicación parsimoniosa. Sin embargo y haciendo amén con la literatura existente, es claro que el binominal jugó su rol en este juego.

Si bien es cierto que el binominal se ha transformado en el diablo de la política chilena (el culpable de todos los males), es un hecho que al ser la regla de conversión de votos a escaño en las elecciones más importantes para los partidos políticos, no es de asombrarse que para este caso juegue un rol importante.

Muchos son los efectos negativos del binominal, sin embargo he de destacar que la seguridad que crea el binominal y los incentivos que genera para la negociación electoral son algunos de los más serios problemas. Esta idea también lo afirma el politólogo Valenzuela, quien menciona que “el hecho de que los partidos no puedan llevar todos sus propios candidatos en cada unidad lleva a la cocina política de los cupos”. También lo menciona el cientista político estadounidense Siavelis, quien dice que “como cada coalición puede presentar solamente dos candidatos, los líderes de los partidos están forzados a comprometerse en elaboradas y agotadoras negociaciones”.

Esta misma negociación, incentivada por el binominal, vuelve a promover que los partidos negocien no sólo cupos, sino que también sandías caladas. “Que mi candidato favorito vaya con un candidato débil tuyo”- le dice el presidente del partido A al líder del colectivo B. “Ya po -le responde- pero como yo tengo pocos cupos me tienes que hacer esa paleteada también”.

¿Cuál es el problema de esto? Es que al existir cupos calados, qué necesidad pueden tener los partidos y coaliciones de movilizar adherentes. ¿Qué razón hay para tener partidos a nivel distrital si deberé votar por un compañero de coalición y no por mi partido? ¿Para qué busco militantes que me apoyen si voy a tener apoyo transversal de la coalición? ¿No es mejor que sean fieles al candidato en vez que al partido que no existe?

La no necesidad de “capturar” militantes permitió que las capacidades, formas y herramientas que tenían los partidos políticos para socializar y generar adhesión se atrofiaran. De la misma manera en que Gorosito en la Católica no necesitaba rendir al 100% para triunfar, los partidos no necesitaban militantes para conseguir cupos. De la misma manera en que el Beto Acosta, los partidos políticos se achancharon y ahora, donde se ha creado una nueva socialización política de manera ajena a los partidos políticos, éstos no son capaces de ser canalizadores de interés, por lo que la inutilidad con la que se muestran sólo contribuye a su descrédito.

La necesidad de que los partidos políticos vuelvan a institucionalizarse a niveles comunales y distritales, y que existan incentivos para que éstos se pongan las pilas en la socialización de sus ideas, hace imperante cambios a las reglas que los afectan. Pero como para los partidos políticos que creen en la despolitización de la sociedad estos temas no son los que le importan a las personas, deberemos seguir esperando.

Modelo y Malestar: Toqueville tenia Razon


Muchos tratan de plantear razones novedosas para explicar el malestar de Chile. Algunos culpan al modelo, otros a la izquierda de manera esquizofrénica por plantear en la opinión pública un mito que no tiene asidero. Hay quienes dicen que existe un problema de confianza o quienes plantean que el malestar es principalmente un tema coyuntural de malas prácticas.

Decir que el modelo se acabó y que va a derrumbarse no encuentra sustento. Hoy por hoy, la mayoría de las personas sueñan con ser propietarios, de la misma manera en que vemos que el éxito individual y la meritocracia son valores apoyados por la mayoría de las personas.

Sin embargo, quienes han hablado del modelo tienden a concentrar su visión en el sistema capitalista que hay en Chile (me rehusó a llamarlo libre mercado) y no en todo el sistema institucional que se instauro a través de la Constitución del 80´ (C80).

La C80 no sólo permitió establecer en Chile el sistema de mercado, sino que también estableció una democracia protegida, la cual aspiraba a que los avances de la sociedad estuviesen contenidos y bajo cuidado del Estado, al más puro estilo del Gobierno niñera en lo económico. Que no se podía poner en peligro el sistema económico sólo por dar mayor representatividad, que no era posible permitir ciertas ideas (art. 8), que deberían existir senadores designados. Claramente, la C80 tiene un espíritu mayoritario en el cual vela por la gobernabilidad por encima de la representatividad. En palabras más simples, la C80 viene a jugar un rol de niñera de la política para evitar que las personas elijan un camino errado.

La contradicción del sistema chileno es que mientras tenemos un sistema económico que premia el desarrollo individual y la autonomía personal -y por lo tanto la pluralidad-; tenemos un sistema político que constriñe eso mismos valores. Mientras por un lado se premia el emprendimiento económico, por el otro se castiga a los emprendimientos políticos, lo que no permite la pluralidad política.

Tocqueville en su ensayo sobre el fin de la Monarquía lo dijo: no fue por la pobreza de las personas que terminó la monarquía absoluta, sino por su inmovilismo político. A medida en que las personas aumentan su capital económico y educacional, se vuelven más autónomas de los grandes grupos y empiezan a buscar nuevas formas de relacionarse con otras personas. De la misma manera en que el emprendedor se sale de una empresa en busca de más libertad, los ciudadanos abandonan los partidos políticos clásicos en busca de nuevas representaciones.

El sistema de democracia protegida, un verdadero Estado niñera en lo político, es una camisa de fuerza que incentiva a las personas a quedarse en los dos grandes grupos.

La constitución debiese ser como el agua que adopta a la forma del jarrón sin perder sus características básicas. Lo que tenemos en Chile es que la constitución es el jarrón, donde el agua se debe adaptar a la forma de éste. Hacer que las personas deban adaptar sus preferencias a una constitución no es otra cosa que ingeniería social. No niego con esto que deban existir ciertas normas básicas, como la separación de poder, el respeto a las minorías o el respeto al tercero. Es más dichos valores son necesarios para una sana convivencia entre personas.

Mi punto no va a la constitución, sino al modelo de democracia protegida que ésta impone. Tal como menciono el francés, los regímenes que no son capaces de dar movilidad política son los que terminan derrumbándose y esa inamovilidad es una de las causas en países con crecimiento del malestar. El problema no es que no tenga bienestar, el problema es que no me dejan equivocarme.
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