viernes, 21 de junio de 2013

Modelo y Malestar: Toqueville tenia Razon


Muchos tratan de plantear razones novedosas para explicar el malestar de Chile. Algunos culpan al modelo, otros a la izquierda de manera esquizofrénica por plantear en la opinión pública un mito que no tiene asidero. Hay quienes dicen que existe un problema de confianza o quienes plantean que el malestar es principalmente un tema coyuntural de malas prácticas.

Decir que el modelo se acabó y que va a derrumbarse no encuentra sustento. Hoy por hoy, la mayoría de las personas sueñan con ser propietarios, de la misma manera en que vemos que el éxito individual y la meritocracia son valores apoyados por la mayoría de las personas.

Sin embargo, quienes han hablado del modelo tienden a concentrar su visión en el sistema capitalista que hay en Chile (me rehusó a llamarlo libre mercado) y no en todo el sistema institucional que se instauro a través de la Constitución del 80´ (C80).

La C80 no sólo permitió establecer en Chile el sistema de mercado, sino que también estableció una democracia protegida, la cual aspiraba a que los avances de la sociedad estuviesen contenidos y bajo cuidado del Estado, al más puro estilo del Gobierno niñera en lo económico. Que no se podía poner en peligro el sistema económico sólo por dar mayor representatividad, que no era posible permitir ciertas ideas (art. 8), que deberían existir senadores designados. Claramente, la C80 tiene un espíritu mayoritario en el cual vela por la gobernabilidad por encima de la representatividad. En palabras más simples, la C80 viene a jugar un rol de niñera de la política para evitar que las personas elijan un camino errado.

La contradicción del sistema chileno es que mientras tenemos un sistema económico que premia el desarrollo individual y la autonomía personal -y por lo tanto la pluralidad-; tenemos un sistema político que constriñe eso mismos valores. Mientras por un lado se premia el emprendimiento económico, por el otro se castiga a los emprendimientos políticos, lo que no permite la pluralidad política.

Tocqueville en su ensayo sobre el fin de la Monarquía lo dijo: no fue por la pobreza de las personas que terminó la monarquía absoluta, sino por su inmovilismo político. A medida en que las personas aumentan su capital económico y educacional, se vuelven más autónomas de los grandes grupos y empiezan a buscar nuevas formas de relacionarse con otras personas. De la misma manera en que el emprendedor se sale de una empresa en busca de más libertad, los ciudadanos abandonan los partidos políticos clásicos en busca de nuevas representaciones.

El sistema de democracia protegida, un verdadero Estado niñera en lo político, es una camisa de fuerza que incentiva a las personas a quedarse en los dos grandes grupos.

La constitución debiese ser como el agua que adopta a la forma del jarrón sin perder sus características básicas. Lo que tenemos en Chile es que la constitución es el jarrón, donde el agua se debe adaptar a la forma de éste. Hacer que las personas deban adaptar sus preferencias a una constitución no es otra cosa que ingeniería social. No niego con esto que deban existir ciertas normas básicas, como la separación de poder, el respeto a las minorías o el respeto al tercero. Es más dichos valores son necesarios para una sana convivencia entre personas.

Mi punto no va a la constitución, sino al modelo de democracia protegida que ésta impone. Tal como menciono el francés, los regímenes que no son capaces de dar movilidad política son los que terminan derrumbándose y esa inamovilidad es una de las causas en países con crecimiento del malestar. El problema no es que no tenga bienestar, el problema es que no me dejan equivocarme.
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